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Por
Emma-Margarita
R. A.-Valdés

Los juguetes de la infancia
son reflejo de los tiempos,
de circunstancias sociales
y
tendencias del momento,
impuestas por creadores
de la moda y el comercio.
La publicidad ayuda
a modelar los cerebros.
Conocemos una época
por el cariz de los juegos.

Recuerdo cuando las niñas
jugaban con los muñecos,
regordetes, mofletudos,
los bebés de sus ensueños.
Los niños se divertían
con sables y armas de fuego,
luchaban contra malvados,
venciendo su propio miedo.
En esos años había
deseados nacimientos,
y los hombres batallaban
por defender sus preceptos.

Pasó el tiempo y otra moda
creó diferentes juegos.
Los bebés se reemplazaron
por hembras de hermosos cuerpos,
vestidas de “alta costura”
y costosos complementos.
Los niños abandonaron
su lucha y sus altos vuelos
por juguetes que educaban
en la igualdad de los sexos.
Con esta nueva influencia
muy pocos bebés nacieron,
perdieron algunos jóvenes
su varonil sentimiento.
Los juguetes del futuro
deberían ser modelos
de honradez y caridad
para hacer un mundo nuevo.
Juegos con bebés y ancianos,
hoy marginados y reos
de ambiciones y egoísmo,
para dar acogimiento;
así sería el hogar
guardería del pequeño
y la casa familiar
la residencia del viejo.
Aprender a ser hermanos
de los pobres, los hambrientos,
a compartir y a entregar
nuestros humanos talentos.
¡Un mundo de paz y amor!
¡Un mundo a imagen del cielo!
Emma-Margarita
R. A.-Valdés

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