FUENTE DE LA SALVACIÓN

Sobre el Evangelio de San Juan, capítulo VII

 

Por:

Emma-Margarita R. A.-Valdés

 

Domina la ignorante oscuridad

y los suyos no ven la luz divina,

intentan que Jesús

se muestre como esperan del Mesías,

un poderoso rey,

en el tradicional festejo agrícola,

la fiesta de las tiendas o de los tabernáculos,

agradecen la mies y lluvia solicitan.

Desconocen que el éxito del Hijo está en la cruz,

en la hora decisiva.

La voluntad de Dios le indica el tiempo

y va a Jerusalén cuando el Padre le dicta.

 

El agua, derramada en el altar,

es símbolo de vida para la sementera.

Jesús, el agua viva,

va de incógnito el día de la fiesta,

y libre, sin temor

al odio y a la envidia de la tierra,

adoctrina en el templo,

dice: el que tenga sed que venga a mí y beba.

Él es la fuente de la salvación

para la vida eterna.

De Belén, Efratá, salió el Mesías,

según el vaticinio de Miqueas.

 

Ansiaban detenerle los judíos,

mas aún no era su hora,

seguirá por un tiempo en este mundo

y se irá con el Padre, que le honra;

le buscarán y no le encontrarán

los que ahora no creen y le ignoran,

le encontrarán los fieles seguidores

y habitarán la gloria.

 

Emma-Margarita R. A.-Valdés

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