Parábola del administrador astuto: Lc 16,1-15

Del libro "VERBO y verso"

Por

Emma-Margarita R. A.-Valdés


 

SERÉ FIEL EN LO POCO Y EN LO MUCHO

 

He derrochado, mi Señor, los bienes

que generosamente me cediste.

Los perdí en laberintos de la carne,

en los pálidos focos de altivez,

en las frágiles cajas del dinero,

en la efímera fama de este mundo,

en lujos, en absurdas fruslerías

y en todo lo que ofrece la materia.

 

Me supuse más listo que los justos,

astuto como un zorro en gallinero.

Me reí de tu luz, de las creencias,

de las llamas de amor que me brindabas.

Me vendí a la especulación rastrera,

a la fácil ganancia de los vagos.

No acrecenté la herencia recibida,

ni socorrí al hermano en su desgracia.

Tú conoces, Señor, mi pequeñez,

mas deseo entregarme sólo a Ti,

abandonar imperios terrenales,

que seas Tú mi Dios, mi único Rey.

Te pido que administres el legado

que entregaste a mi pobre humanidad.

Seré fiel en lo poco y en lo mucho,

haré crecer la siembra de tu reino.

 

 

 

EL ORO, TERRENAL PAVESA

 

Los gorriones habitan los aleros

y tiembla el vendaval en los zarzales.

Palomas planeando los senderos

se embriagan con la esencia de rosales.

 

Se hacen fértiles secos matorrales

en las naves de los invernaderos.

Hay cuervos que devoran los trigales

y urracas que atesoran basureros.

 

Brilla el sol en la caridad confesa

cuando el barro comienza sus albores

y su honradez ante la luz profesa.

 

La materia cubierta de esplendores

transforma el oro en terrenal pavesa

y se entrega al Amor de los amores.

 

 

EL DINERO, DIOS O MEDIO

 

No siembro ni cosecho

con sudor de mis manos y mi frente.

El pan sucio que amaso,

con la espiga de lágrimas ajenas,

lleva harina de corrupción humana.

Encadenado al mundo,

en las almenas de la indignidad,

reverencio el metal que me envilece.

Escucho en mi interior

el quejido del alma en el destierro

gimiendo por la paz de la conciencia.

 

Hoy recorre mi mente

el trayecto que me llevó al abismo

por confiar en mi sagacidad.

La claridad de un cielo renovado

sanea con su luz mis ojos ciegos

y la mortal herrumbre de mi espíritu.

 

Camino hacia la Luz

desasido de engaños y sobornos,

aplicaré mi astucia

en la siembra de celestial simiente.

El dinero era el dios y ahora es el medio

para lograr la paz y la justicia.

Emma-Margarita R. A.-Valdés


 
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