EN CADA ARENA DEL RELOJ

 Por

Emma Margarita R. A.-Valdés


Me duele haber nublado los días luminosos

de tantas primaveras

por esperar el fruto del almendro,

mientras brotaban rojos los claveles.

No he escuchado el fragor del oleaje

en playas y cantiles

en veranos abiertos a la vida.

No he gozado la paz del palmeral

ni el aroma embriagado de locura.

 

La memoria será testigo mudo

de la fiebre de ortigas, de arrayanes,

de los brotes floridos deshojados,

cuando el sol se ofrecía a los renuevos.

Las uvas del otoño

manan el vino amargo de las huellas perdidas

en la ruta de angustias y presagios.

 

Hoy abro mis refugios al presente,

destierro sedimentos de temor y agonía

por el futuro trágico o feliz

con un final por siempre conocido.

Saboreo el amor, estable o transitorio,

el néctar del momento,

en cada arena del reloj del mundo,

e iré haciendo sin miedo mi equipaje

para el tránsito a la última estación

de la promesa mística.

Emma Margarita R. A.-Valdés

 

 

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Pintor: Barberán