EL TREN SUBTERRÁNEO

(El metro)

Por

Emma-Margarita R. A.-Valdés


El raudo tren subterráneo

atraviesa la ciudad

con su carga de tristeza,

con su carga de ansiedad.

 

Vamos todos hacinados,

privados de libertad,

arrastrando las cadenas

de la vida en sociedad,

las cadenas de trabajo,

pobreza y enfermedad,

de dura lucha incesante,

de la falta de piedad.

 

El tren orada la tierra,

huye de la claridad,

se avergüenza de su carga

de dolor y suciedad.

 

Vamos de un lugar a otro

juntos, pero en soledad,

esperando un nuevo cielo

lleno de felicidad,

un cielo que nunca llega

dentro de esta oscuridad,

de un quehacer rutinario

de absurda finalidad.

 

El tren sigue hora tras hora

su febril actividad

hacia la monotonía

bajo la fatalidad.

 

Nuestras miradas reflejan

la triste conformidad,

una calma precursora

de futura tempestad.

así un día y otro día,

así hasta la saciedad,

por el raíl cotidiano

de la brutal realidad.

 

El tren abre nuevos túneles,

se extiende en profundidad,

hay que llevar muchos cuerpos

que ofrecen utilidad.

 

Lejos del tren vuela el alma

buscando la inmensidad

en un cielo gris, ausente

de la solidaridad.

algún día encontraremos

la estación de la Verdad,

en la que todos, hermanos,

tendremos amor y paz.  

Emma-Margarita R. A.-Valdés               

Pintor: Daumier

                   

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