EL CRISTO DE ZALAMEA

 
   
   
   
   
 

   
 

 

 

Por

Emma-Margarita R. A.-Valdés

 

Es de barro tu figura

y tu cruz es de madera,

es humana tu escultura

de nuestra arcilla primera.

 

La madera representa

aquel árbol consagrado

que redimió de la afrenta

hecha en árbol del pecado.

 

Dicen que de Tierra Santa

te trajeron franciscanos,

y en Elche la fe levanta

un templo de ilicitanos.

 

A tu imagen clamorean,

te llaman Cristet de Paz

y en tus brazos aletean

el Amor y la Verdad.

 

En las puertas de hospitales

fuiste auxilio y esperanza,

abriste las celestiales

a la bienaventuranza.

 

Cuando la guerra y el odio

con fuego grabo el dolor,

el pueblo fue tu custodio,

fue iglesia del Salvador,

 

y escondido en un armario,

bajo un abrigo que ignora

ser del Bien depositario,

te amó el pueblo que te adora.

 

Hoy en Elche te veneran,

te llevan en procesión,

tus dolores les laceran

en su amante corazón.

 

Llevan los cofrades túnicas

de saco y unas cadenas

y de esta forma hacen únicas

sus ofrendas por tus penas.

 

Y sobre el pecho, en la Cruz

símbolo de tu pasión,

alfa y omega es la luz

que ilumina su misión.

 

Tu pequeñez y pobreza

son ejemplo de humildad.

En Elche tu realeza

se engrandece en caridad.

 

Te siguen con oraciones,

Vía crucis y Rosario,

con altas meditaciones

te acompañan al Calvario.

 

Así los ilicitanos

te manifiestan su amor,

y por la fe son hermanos

compartiendo tu dolor.

 

Emma-Margarita R. A.-Valdés

 

 

 

A LA ESCULTURA DEL 

CRISTO DE  ZALAMEA

 

Cristo de Zalamea, así te llama

el pueblo ilicitano que te adora,

ante tu Cruz se postra hora tras hora

por la fe que tu Gracia les inflama.

 

El amor por tus clavos de derrama

en las espinas el perdón aflora,

la herida del costado, acogedora,

es pórtico de gloria, a paz  reclama.

 

Como el aire que agita la palmera

de un Domingo de Ramos infinito,

en Elche agita el alma tu figura.

 

Comparten miles tu aflicción postrera

enarbolan sus ramos como un grito

y van en procesión tras tu escultura.

 

Emma-Margarita R. A.-Valdés

 

 
   

   
 

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