ARRANCA MIS PIEDRAS DE MOLINO

    (Mt 18,6-9; Mc 9,42-48)

Por

Emma-Margarita R. A.-Valdés

 

 

       

Si mis ojos son sucia opacidad

y en sus cuencas habitan las luciérnagas;

si en mis ojos fulgura la maldad

asesina del bien y la belleza;

si mis ojos ocultan la verdad

y no miran de frente a las estrellas,

¡arráncamelos!,

porque veré tu luz de eternidad

tras la cortina múltiple de tierra.

 

Si mis manos, al tacto de azucena

acarician escamas de serpiente;

si en mis manos se enturbia la patena

con mis dedos vacíos de laureles;

si mis manos esconden la cadena

y no entregan su pan a los más débiles,

¡arráncamelas!,

porque el muñón, en su íntima condena,

repetirá el latido de tus sienes.

 

Si mis pies no recorren el camino

que conduce a la casa de mi Padre;

si en mis pies no se apoya el peregrino

al sentir su final inaplazable;

si mis pies no conocen el destino

que espera a la caída de la tarde,

¡arráncamelos!,

porque, abrazando el tronco del espino,

alcanzaré tus frutos celestiales.

 

Emma-Margarita R. A.-Valdés

 

Del libro "Versos  de amor y gloria"

Biblioteca de Autores Cristianos (BAC)

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