ANGUSTIA DE CIUDADANO

Po

Emma-Margarita R. A.-Valdés

 



Vivimos encerrados en una encrucijada,
laberinto geométrico de calles asfaltadas,
rodeados del pútrido residuo de otros tiempos,
petróleo transformado, fantasmas de milenios.


Vivimos en un bosque de rocas insensibles,
esqueletos metálicos, estructuras afines,
repetidas, monótonas, mazmorras de los sueños,
sepulcros de la idea forjados con cemento
.


Vivimos hacinados tras sucios paredones,
granito, metal, plástico... formando grises moles,
ciudades que son cárceles en la naturaleza,
sin pájaros, sin flores, sin sol y sin estrellas.



Vivimos sin paisaje, sin luz, sin perspectiva,
horizontes inhóspitos, fachada ennegrecida
por viejo polvo errático, por grasa de los coches,
por la hiriente nostalgia de tiempos anteriores.



Vivimos respirando el aire mancillado
por humo de cadáveres que han sido incinerados,
por humo de las fábricas, por humo de basuras,
por humo de conceptos, por fuego de incultura.


Vivimos sumergidos en losas de ignorancia,
se cubre con la máscara de ciencia lo que es falsa
comercial metafísica; desciende el arte al pueblo,
no se eleva el espíritu hacia su meta: el cielo.


Vivimos entre ruidos de actuales artilugios,
esclavos de las máquinas que dominan el mundo,
crece nuestra sordera a los gritos humanos,
a los pueblos hambrientos, a tristes marginados.


Vivimos con hastío, con odio, con engaño,
hervidero caótico de seres angustiados
buscando entre lo sórdido la ruta a la Verdad,
hallando la apatía y el imperio del mal.


Vivimos sofocando la llama del amor,
es un anacronismo abrir el corazón,
la familia es molesta reliquia de otros tiempos,
los problemas ajenos no son problemas nuestros.


Vivimos con nostalgia de florecidos campos,
de fuentes cristalinas, de bucólicos cantos,
nos circundan los páramos colmados de residuos,
de chabolas inmundas, de brotes de ateísmo.


Vivimos esperando los días del verano,
que el mar, el sol y el aire, curtan los rostros pálidos,
y encontramos atónitos sucio redil ardiente
con cuerpos arruinados donde el alma envilece.


Vivimos con la idea de estar civilizados,
de rebasar la cúspide en el saber humano;
sofisticado bálsamo para nuestras heridas,
sin razonar que así se nos muere la vida.

Emma Margarita R.A.-Valdés
 

 

 

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