ALMA CONSAGRADA

Por

Emma-Margarita R. A.-Valdés

 

 

 

Eres joven y aceptas la llamada

que te lleva al servicio con tu entrega

a vivir en la brega

por el amor de tu alma consagrada.

 

Recorres los caminos de la tierra

con los pies desgarrados en el suelo,

tu mirada en el cielo,

y el corazón herido por tu guerra.

 

Atiendes al anciano, al indigente,

al enfermo, al penado, en la misión

de anunciar la Redención

y de aliviar sus males dulcemente.

 

En países lejanos has dejado

los años de tus flores y tus frutos,

tus humanos tributos

al Señor que en la Cruz nos ha salvado.

 

Rama añeja del árbol de la vida,

vencedora de humanas tempestades,

de envidias, falsedades,

continúas luchando sin medida.

 

Es ejemplo tu vida misionera,

obrera de la viña del Señor,

soportas el dolor

con la fuerza de tu misión primera.

 

Tu vejez en benévolo servicio

es prueba de tu brío y calidad,

de rica ancianidad,

de eterno amor y duro sacrificio.

 

Has dejado tus brazos en la Cruz,

has seguido la ruta del Calvario,

te has unido al Sagrario

y en el final merecerás la Luz.

 

Emma-Margarita R. A.-Valdés

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