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NO PUEDO ACOSTUMBRARME


No puedo acostumbrarme a la frágil materia.
No puedo acostumbrarme a la espesa distancia,
a mis febriles dedos
temblorosos buscándote en el aire,
heridos por el tacto de la umbría.

No puedo acostumbrarme...

No puedo acostumbrarme a este cruel penar
que así me paraliza y obsesiona
con aciagos augurios,
oleadas de estoques incansables
en el centro del barro acantilado.

No puedo acostumbrarme...

No puedo acostumbrarme a tanta incertidumbre.
¡Cuánta impaciencia inútil
atosiga al feroz destino oculto!
¡Qué funesta agonía
de ignorar el instante que cortará la flor!

No puedo acostumbrarme...

No puedo acostumbrarme al abandono.
A fronteras de incomunicación.
Al desamor helado
por una moda impuesta, avasallante.
Al rechazo sin causa por ambiciosa intriga.

No puedo acostumbrarme...

No puedo acostumbrarme
a destroncar la planta en lozanía,
a olvidar que el retoño en otra tierra
está al calor y al frío, a la intemperie,
y no me trae el viento su fragancia.

No puedo acostumbrarme...

Emma-Margarita R. A.-Valdés

Pintor: José Luis Corella

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