Manual oficial de la Legión de María

Continuación

 
- 18 - ORDEN DE LA JUNTA DEL PRAESIDIUM

1. La disposición de la junta ha de ser siempre uniforme. Los socios estarán sentados alrededor de una mesa, en un extremo de la cual se habrá colocado sobre un paño blanco, lo suficientemente grande, un pequeño altar. El altar consistirá en una imagen de la Inmaculada de la Medalla Milagrosa- en la actitud de Dispensadora de las Gracias- de unos 60 centímetros de altura, colocada entre dos floreros y dos candeleros con velas encendidas. Delante de la imagen, y un poco a la derecha, se pondrá el vexillum, descrito en el capítulo 27.
En este manual se hallarán láminas con la disposición del altar y del vexillum. (véase pag. 91?)
Puesto que se trata de representar a la Reina en medio de sus soldados, el altar no debe estar separado de la mesa de la junta, ni fuera del círculo que forman los socios reunidos.
El amor de hijos para con nuestra Madre celestial requiere que todo el altar y las flores sean de la mejor calidad. Los candeleros y floreros serán, a ser posible, de plata: no es un gasto que haya de repetirse, y quizá pueda obtenerse gracias a algún bienhechor. Uno de los legionarios tomará como un honor el guardar, tanto el vexillum como los floreros y los candeleros, limpios, resplandecientes y provistos de flores y velas costeadas por el praesidium. Si resulta del todo imposible obtener flores naturales, se permite utilizar flores artificiales, pero con hojas de alguna planta para que esté presente la naturaleza viva.
En aquellos climas donde sea preciso proteger del viento la llama, se podría poner alrededor de la parte superior de las velas una especie de lamparilla o un pequeño globo de cristal transparente.
En el paño se podrán bordar las palabras "Legio Mariae", pero no el nombre del praesidium: importa hacer destacar los puntos de unidad, no los de distinción.
"Efectivamente, la mediación de María está íntimamente unida a su maternidad y posee un carácter específicamente materno, que la distingue del de las demás criaturas que de un modo diverso y siempre subordinado, participan de la única mediación de Cristo, siendo también la suya una mediación compartida. En efecto, "jamás podrá compararse criatura alguna con el Verbo encarnado y Redentor", al mismo tiempo "la única mediación del redentor no excluye, sino que suscita en las criaturas diversas clases de
ooperación, compartida de la única fuente"; y así "la bondad de Dios se difunde distintas maneras sobre las criaturas" (RMat, 38).

2. Puntualmente, a la hora señalada, estarán los socios en sus puestos y se dará comienzo a la junta. Empezar a la hora en punto es cosa muy necesaria para el buen funcionamiento del praesidium. Para ello, los oficiales tienen el deber de llegar un poco antes: lo suficiente para tener listo el altar y el local de la junta.
Ninguna junta de praesidium comenzará jamás sin tener previamente un programa escrito de los asuntos que se van a tratar; este programa se llamará "cartilla de trabajo". estará preparada la cartilla antes de cada junta, y de ella se servirá el presidente para dirigir ordenadamente la junta. En la cartilla quedarán consignadas, con todo detalle, las diversas obras que el praesidium esté efectuando, y frente a cada trabajo pondrá los nombres de los socios encargados del mismo. No es necesario que se siga siempre, en todas las juntas, el mismo orden de materias; pero si hay que citar a todos los socios que aparezcan en la lista, pidiendo a cada uno un informe, aunque estén trabajando en grupos de dos o más.
Antes de la conclusión de la junta hay que asegurarse de que a cada socio se le asigne algún trabajo para la semana entrante.
El presidente debe tener un libro encuadernado donde preparará la cartilla de cada semana.
“El idealismo, por fervoroso y absorbente que sea, nunca ha de legitimar un sentimentalismo vago y poco práctico. Como hemos indicado ya el genio de San Ignacio se basaba en saber explotar con diligencia y método las energías espirituales. El vapor es inútil, y hasta molesto, mientras no tengamos un émbolo y un pistón con que emplearlo. ¡cuánto desperdicio de fervor espiritual, sin el examen particular y sin encauzarlo a aplicaciones prácticas! Unos cuantos litros de gasolina mal aprovechado son capaces de hacer estallar un auto; bien aprovechada esa misma gasolina hará subir el auto hasta la cima de un monte" (Mons.Alfredo O´Rahilly, Vida del Padre Guillermo Doyle).

3. Se inicia la junta rezando la invocación y la oración al Espíritu Santo, fuente de esa Gracia, de esa Vida, de ese Amor, del que nos gozamos en considerar a María como el acueducto.
"Desde que concibió en su seno al Hijo de Dios, María estuvo dotada -por decirlo así- de cierta autoridad y jurisdicción sobre todo proceder temporal del Espíritu Santo, de tal suerte que no hay gracia alguna recibida de Dios por la criatura, que no sea por mediación de Ella... Todos los dones y las virtudes y las gracias de este Espíritu las administra Ella a quien quiere, cuando quiere, y en la medida y forma que Ella quiere" (San Bernardino, Sermón sobre la Natividad).
{Nota: la parte final de la cita precedente se encuentra también casi con idénticas palabras, en los escritos de San Alberto Magno (Biblia Mariana, Liber Esther, 1), que vivió 200 años antes de San Bernardin}..

4. A continuación se rezan cinco misterios del rosario, iniciando el director espiritual el primero, tercero y quinto, y los demás socios el segundo y cuarto. Todos rezarán en voz alta, pues es una oración pública, y lo harán con la misma gravedad y respeto que si, en lugar de su efigie, estuviera la Reina allí mismo en persona.
Puesto que el rosario desempeña -como norma y como recomendación- un papel tan importante en la vida de los legionarios, exhortamos a todos encarecidamente a que se inscriban en la cofradía del santísimo rosario (véase apéndice 7).
El Papa Pablo VI insiste en que se conserve el rosario. Es pura oración. Su contenido es bíblico. Es un resumen de la historia de la salvación, y muestra a María en las principales etapas de esa historia.
“Entre las diversas maneras de rezar no hay otra más excelente que el rosario. Concentra en si todo el culto que se debe a María. Es el remedio para todos nuestros males, la raíz de todas nuestras bendiciones” (León XIII)
“De todas las oraciones el rosario es la más bella y la más rica en gracias; es, entre todas ellas, la más grata a María, la Virgen Santísima. Por consiguiente, amad el rosario y rezadlo cada día con devoción. Este es el testamento que os dejo para que, por él, os acordéis de mi” (San Pío X).
“Para los cristianos, el primero de los libros es el evangelio, y el rosario es un compendio del evangelio” (Lacordaire).
“Es imposible que no se oigan las oraciones del muchos, si esas numerosas oraciones no forman más que una sola oración” (Santo Tomás de Aquino, In Mat., XVIII).

5.Después del rosario sigue inmediatamente la lectura espiritual. La hará el director espiritual, o, en su ausencia, el presidente. La duración de la lectura no pasará de unos cinco minutos. La selección de la lectura es libre, pero se recomienda encarecidamente que se lea el Manual, por lo menos durante los primeros años de existencia del praesidium, a fin de que los socios se familiaricen con el contenido de este Manual, y para estimularlos a hacer de él un estudio serio.
Es costumbre que, al concluir la lectura, los socios hagan todos juntos la señal de la Cruz.
"María es digna de bendición por el hecho de haber sido para Jesús madre según la carne ("¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron!"), pero también y sobre todo porque ya en el instante de la anunciación ha acogido la palabra de Dios, porque ha creído, porque fue obediente a Dios, porque "guardaba" la palabra y "la conservaba cuidadosamente en su corazón" (cf.Lc1, 38.45; 2,19.51) y la cumplía totalmente en su vida. Podemos afirmar, por lo tanto, que el elogio pronunciado por Jesús no se contrapone, a pesar de las apariencias, al formulado por la mujer desconocida, sino que viene a coincidir con ella en la persona de esta madre- virgen, que se ha llamado solamente "esclava del Señor" (Lc. 1,38)”

6. Se lee el acta de la junta anterior, y si la aprueban los presentes, la firma el presidente. El acta tendrá una extensión media, es decir, no ha de ser demasiado extensa ni demasiado breve. Las actas irán debidamente numeradas.
La importancia del acta aparece subrayada al tratar de los deberes del secretario. Aquí conviene advertir que, por ser el acta el primer asunto de que se trata en la junta ordinaria, ocupa -digámoslo así- una posición estratégica, pues tanto el contenido de la misma como el modo de leerla ejercen sobre todas las cuestiones posteriores una influencia decisiva, que puede ser saludable o funesta.
Las actas bien hechas tienen la fuerza del buen ejemplo, y las actas mal hechas la del mal ejemplo. Y aunque estén bien redactadas, si no se leen como es debido, podemos calificarlas de mal hechas. También aquí el ejemplo influye hasta tal punto en la atención y en el modo de informar de los socios que, muchas veces, de la calidad de las actas dependerá el éxito feliz o el fracaso de la junta, la cual, a su vez, marcará la pauta al trabajo exterior.
El secretario tendrá todo esto muy presente durante la labor callada de redacción de las actas, y el praesidium, mirando por su propio bien, las escuchará con atención para darles o no el visto bueno.
"Sería ciertamente gran vergüenza si en este punto se cumpliesen las palabras de Cristo: los que pertenecen a este mundo son más sagaces que los que pertenecen a la luz "( Lc 16,8). Fijémonos, ¡con qué diligencia miran por sus intereses, cuántas veces sacan el balance de sus cuentas, qué precisión ponen en escribirlas, cómo lamentan sus pérdidas y se las componen para resarcirse de ellas!" (Papa San Pío X)

7. Las ordenanzas fijas. Las damos a continuación, y deben figurar en la cartilla de trabajo- o en otra parte, pero siempre de modo que no se pasen por alto, llegado el momento de leerlas -, para que, en la primera junta de cada mes, las lea en voz alta el presidente, inmediatamente después de firmar el acta:

Ordenanzas fijas:
"El deber legionario exige de cada socio:
1. La asistencia puntual y regular a la junta semanal del praesidium
donde se presentará en voz clara un informe suficiente sobre el trabajo realizados;
2. El rezo diario de la catena;
3. La ejecución de un trabajo legionario activo y sólido, hecho con
espíritu de fe y en unión con María, en forma tal que, en las personas por quienes trabaja y en sus propios compañeros, María vea y sirva de nuevo a la Persona de nuestro Señor;
4. Absoluto respeto por el carácter confidencial de muchos asuntos
tratados en la junta o conocidos en el ejercicio del trabajo
legionario”.

“Por mediación mía, María desea amar a Jesús en los corazones de todos aquellos que logre yo encender en amor con mis trabajos apostólicos y con mi oración perseverante. Si me identifico enteramente con Él, Ella me inundará de sus gracias y de su amor tan copiosamente, que vendré a ser como un caudaloso río desbordándose para inundar a otras almas. Mediante mi proceder, María podrá amar a Jesús y llenarle de gozo, sirviéndose, no solo de este corazón mío, sino también de todos los corazones que están unidos con él." (De Jaegher, La virtud de la confianza).
Esta cita no forma parte de las ordenanzas.

8. Estado de cuentas del tesorero. El tesorero presentará el estado de cuentas de la semana transcurrida, dando a conocer los ingresos y gastos del praesidium, y el saldo total.
"A veces se pierden las almas por falta de dinero, es decir, por falta de participación mas completa en el apostolado" (Mellet, Cssp.).

9. Informes de los socios. Mientras estén entregando sus informes, los miembros permanecerán sentados; los darán de viva voz, pero podrán servirse de apuntes.
El praesidium no considerará la no ejecución del deber legionario como un asunto sin trascendencia. Si los socios no han podido realmente llevar a cabo la labor señalada, deben, si es posible, dar alguna explicación. Si no se explica la causa, el no informar crea la impresión de que ha habido abandono, y se convierte en mal ejemplo para los demás socios.
Por otra parte, si los legionarios trabajan con seriedad, pocas veces surgirá la necesidad de excusarse; y felizmente, porque, en un ambiente de excusas, todo celo y toda disciplina languidecen y perecen.
El informe no ha de dirigirse sólo al presidente. Debe tenerse en cuenta este proceso mental: cuando una persona se dirige a otra individualmente, automáticamente adapta la voz a la distancia precisa, nada más. Esto significaría que las palabras dirigidas al presidente serían oídas con dificultad por las personas más alejadas.
El informe -y todo comentario sobre el mismo- debe hacerse en un tono de voz que llegue a toda la sala. Un informe, aunque sea fiel y completo, que no pueda ser oído por muchos de los presentes, es peor que si no se diera, por el efecto deprimente que causa en la junta. Hablar en voz baja no es -como algunos imaginan- señal de modestia, ni de modales finos. ¿quién más humilde y dulce que María? Y, sin embargo, nadie se la puede figurar hablando entre dientes o de modo que no pudiese ser oída, ni siquiera por los que estuvieran cerca de Ella. ¡legionarios, imitad a vuestra Reina en esto como en todo lo demás!
Los presidentes no permitirán que los informes se den en voz tan baja que no puedan oírse sin esfuerzo. Y ellos mismos serán los primeros en evitar esa falta: puede decirse que el presidente da el tono a los demás miembros de la junta; estos hablarán por lo común más bajo que él. De manera que, si el habla solo en tono de conversación o a media voz, los demás contestarán con un murmullo, creyendo que si se elevan la voz más que el presidente, estarán gritando; y, por consiguiente, van a dar al extremo opuesto. Insistan los socios en que les hable el presidente en voz sonora y vibrante; y el director espiritual anime a todos a hacer lo mismo.
El informe es, a su manera, de tanta importancia para la junta como las oraciones. Se completan mutuamente. Ambos elementos son necesarios a la junta del praesidium.
El informe acopla el trabajo al praesidium. Y por eso tiene que retratar claramente las actividades del socio -en cierto sentido, tan claramente como las escenas en una película de cine-, de tal forma que los demás socios puedan participar mentalmente en dicho trabajo, juzgarlo, comentarlo y aprender de él. Mas, para conseguir esto, el informe tiene que presentar lo que se ha acometido y llevarlo a feliz término, y con qué espíritu; el tiempo empleado; los métodos usados; lo que no ha logrado, y las personas que no han correspondido.
La junta debe ser alegre y animada. Esto requiere que los informes sean, además de instructivos, interesantes. Imposible creer que el praesidium goce de buena salud si la junta resulta aburrida y lánguida; si esto sucede, ahuyentará a los miembros jóvenes.
Hay ciertos géneros de trabajo tan llenos de variedad que es fácil hacer sobre ellos un informe bueno; pero hay otros que no ofrecen las mismas posibilidades: en estos, conviene recordar cualquier detalle que se destaque por lo extraordinario, a fin de mencionarlo en el informe.
El informe no ha de ser demasiado extenso ni demasiado breve; sobre todo, no ha de reducirse a frases hechas. Cualquiera de estos defectos demuestra que el miembro no cumple con su deber, y prueba también que los demás socios están cooperando a su negligencia. Esto contradice al concepto que tiene la Legión de la supervisión del trabajo. El praesidium no puede supervisar una obra si no se informa de ella plenamente.
Generalmente es tan dificultoso el trabajo de la Legión, que los socios, si no se ven estimulados en la junta por un examen detallado de sus esfuerzos, fácilmente se echarán atrás. Y eso no puede ser. Están en la Legión par hacer todo el bien posible; y si no sería extraño que, donde la naturaleza levanta más el grito, allí precisamente hubiera más necesidad de su actuación. Para vencer esa debilidades existe la disciplina de la Legión, y para impulsar al socio a que termine lo comenzado; y la disciplina se ejerce principalmente por medio de la junta. Pero, si los informes no dan más que vagas indicaciones de lo que el legionario está haciendo, igualmente vago será el dominio ejercido por el praesidium sobre las actividades del socio. No le estimulará. No le resguardará. Se verá desprovisto del interés y la orientación del praesidium, y el socio no puede prescindir de cosas de tan vital importancia. La disciplina legionaria pierde influencia sobre el, con funestos resultados para todos.
No se olvide que el socio que no cumple bien con este deber de los informes puede arrastrar a otros con la fuerza de su mal ejemplo. Y el que deseaba con ansias servir a la Legión, ahora le está haciendo un daño muy grande.
Ningún legionario debería contentarse con dar un buen informe. Debería apuntar más alto, y tratar con toda seriedad de añadir al perfecto cumplimiento de su trabajo un informe modelo, que presentará al praesidium para ejemplo y muestra de cómo se trabaja y como se informa legionariamente. Según Edmundo Burke, "el ejemplo es la escuela de humanidad, y los hombres no aprenderán en ninguna otra". Si esto es verdad, un solo miembro es capaz de elevar un praesidium entero hasta la cima de su eficacia; porque el informe, aunque no sea toda la junta, es como un centro nervioso, y puede hacer vibrar por simpatía a todos los demás elementos del praesidium, para beneficio o daño del mismo.
Más arriba hemos recordado a nuestra Señora como una inspiración del informe en uno de sus aspectos; pero nuestras reflexiones sobre Ella nos pueden ayudar en todos los demás detalles del informe. Esto es cierto: nadie que se esfuerce por hacer el informe como se imagina que lo haría Ella presentará un informe que adolezca de cualquier defecto.
“Ciertos cristianos apenas ven en María más que una criatura de incomparable pureza y gracia, la mujer más tierna y amable que jamás existió. Estas personas corren el riesgo de no tener para con Ella sino una devoción sentimental, o -si son de carácter enérgico- de sentirse poco atraídos hacia Ella. Nunca han reparado en que esta Virgen, con ser tan tierna y Madre tan cariñosa es igualmente la Mujer Fuerte, la más intrépida de todas: ningún varón la igualó jamás en fortaleza de carácter" (Neubert, María en el dogma).

10. Se recita la Catena Legionis. La rezarán todos los socios de pié, a una hora determinada. La experiencia aconseja como la más adecuada a mitad entre la firma del acta y el cierre de la sesión; es decir, aproximadamente una hora después de empezar la junta, que de ordinario dura hora y media. Véase capitulo 22 oraciones de la Legión.
Todos a coro recitan la antífona; en el Magnificat el director espiritual- o, en su ausencia, el presidente- alterna con los demás socios; y, por último, dicho director espiritual- o el presidente- recita la oración, el solo.
La señal de la cruz no se hace antes de la catena, sino con el primer verso del Magnificat. Tampoco se hace después de la oración final de la catena, por dar paso inmediatamente a la allocutio.
Nada hay tan hermoso en la Legión como este rezo en común de la catena. Tanto si el praesidium se ve inundado de gozo o sumido en la tristeza, o si va penosamente por caminos duros o monótonos, la catena viene como un aura celeste, cargada de las fragancias de Aquella que es la Azucena y la Rosa, refrescando y regocijando de manera maravillosa; y no son solamente unas bellas palabras. ¡bien lo sabe todo legionario!
"Si pongo particular énfasis en el Magnificat, es porque veo en el lo que tal vez no suele ver: un documento de excepcional importancia con relación a la maternidad espiritual de María. La Virgen santísima, identificada - como sabemos- con Cristo desde el instante de la Encarnación, se declara la representante de todo el género humano, íntimamente asociada con todas las generaciones, y con el destino de todos aquellos que son verdaderamente hijos suyos. Este cántico, salido de sus propios labios, es el canto de su maternidad espiritual: (Bernard, O P., El misterio de María)
"El Magnificat es la oración por excelencia de María, el cántico de los tiempos mesiánicos, en el que se junta la voz del antiguo y del nuevo Israel. Como parece sugerir San Ireneo, es en el cántico de María en el que se oyó una vez más el regocijo de Abrahán (cf.Jn.8, 56), quién predijo al Mesías, y allí sonó en anticipación mesiánica la fe de la Iglesia... y de hecho el himno de María se ha extendido a lo largo y a lo ancho, y ha llegado a ser oración de toda la Iglesia, en todas las edades" (MC, 18).

11. La allocutio* (la allocutio era el discurso del general romano a sus legionarios en forma de arenga):
Los socios vuelven a sentarse, y el director espiritual les dirige una breve plática, a modo de comentario. A no ser que las circunstancias sean extraordinarias y requieran otra cosa, esa breve plática versará sobre el Manual como glosa del mismo, a fin de que, poco a poco, los legionarios lo vayan asimilando en todos sus detalles. La allocutio se tendrá en gran aprecio, porque es un factor decisivo en la formación de los socios. Los responsables de dicha formación cometen contra la Legión y contra sus miembros una injusticia, si no procuran un rendimiento máximo.
Ahora bien: si los socios han de desplegar todas sus energías hasta su máxima capacidad, ante todo deben conocer a fondo la organización destinada a emplear esas energías; y esto no se logrará solo por medio del estudio del Manual: se necesita, además, el comentario que proporciona la allocutio. No puede el uno sustituir al otro: ambos son complementarios. Algunos legionarios creerán haber estudiado a conciencia el Manual con haberlo leído atentamente solo dos o tres veces. Ni diez ni veinte repasos darán a conocer la Legión cual es en sí, y tal como ella misma quiere ser conocida. No se conseguirá más que a fuerza de explicaciones y comentarios verbales, semana tras semana, año tras año, hasta familiarizarse con todas las ideas contenidas en el Manual.
En ausencia del director espiritual, dicho comentario estará a cargo del presidente o de otro miembro designado por éste. Pero repitámoslo con insistencia: la sola lectura del Manual o de otro documento no puede hacer las veces de allocutio.
La allocutio no debe pasar de unos cinco o seis minutos.
Entre un praesidium, donde el allocutio, se hace con esmero, y otro donde se hace de cualquier manera, habrá la misma diferencia que entre un ejército bien formado y otro falto de toda formación seria.
“Hace ya mucho tiempo que tengo el presentimiento de que, como el mundo se va empeorando por momentos, y Dios- por decirlo así- no sigue ya Dueño de los corazones de los hombres, está Él buscando con ahínco y con grandes ansias que los pocos que aun se mantienen fieles hagan algo de valor en su servicio. Tal vez, nuestro Señor no podrá juntar en torno de su estandarte un ejército numeroso, pero quiere que, al menos, cada uno de los pocos sea un héroe, entregado a Él en cuerpo y alma. Si nosotros pudiéramos incorporarnos a ese círculo mágico de almas generosas, yo creo que no se nos escatimaría ninguna gracia para llevar adelante la obra más querida del Divino Corazón: nuestra santificación personal" (Mons.Alfredo O¨Rahilly, Vida del padre Guillermo Doyle).

12. Terminada la allocutio, hacen todos la señal de la cruz, y después continúan los informes y demás asuntos de la junta.
“Es un hecho histórico que el lenguaje de nuestra Señora era el lenguaje de una mujer extraordinariamente refinada. Su inclinación natural la habría hecho fácilmente poetiza. Cada vez que hablaba salían las palabras con un ritmo verdaderamente poético. Su fraseología era el lenguaje pintoresco de un artista en palabras" (Lord, Nuestra Señora en el mundo moderno)

13. La colecta secreta. Después de la allocutio, se pasará inmediatamente la bolsa para la colecta secreta, contribuyendo cada cual según su posibilidad. El fin de esta colecta es sufragar los diversos gastos del praesidium y mandar el superávit a la curia y consejos superiores, para sostenimiento de los mismos. Reiteramos que estos consejos no tienen para desempeñar sus funciones administrativas otros medios de subsistencia que los suministrados por los praesidia (véase el capítulo 35 fondos).
La colecta no debe interrumpir las gestiones de la junta. Vaya pasando la bolsa de uno a otro sin llamar la atención y, aunque no se deposite nada, introduzcan todos la mano.
Para estos donativos de los socios dispóngase de una bolsa decente: un guante o una bolsita de papel no es lo propio.
La razón por la que se hace la colecta secretamente, es que en el praesidium no debe haber la menor distinción entre socios adinerados o económicamente débiles. Respétese, pues, este carácter secreto de la colecta, y no diga uno a otro con cuánto ha contribuido. Por otra parte, todos deben darse cuenta de que no sólo el praesidium, sino la Legión entera dependen para su funcionamiento de la contribución de cada individuo. Por eso, no se considere este asunto como de pura fórmula. La obligación de contribuir no se cumple dando una suma tan pequeña que para el mismo socio no signifique casi nada. El hecho es que se le está concediendo el privilegio de participar en la misión general de la Legión. Sobre esta base es donde tiene que actuar la conciencia de la responsabilidad y la generosidad.
Lo único secreto en esta colecta es la contribución individual. La suma total puede ser anunciada al praesidium; y, por supuesto, debe ser anotada debidamente en las cuentas, para dar después razón de ella.
“Cuando Jesús elogia la limosna de la viuda que da no de su abundancia, sino de su indigencia (Lc 21, 3-4), sospechamos que está pensando en María, su Madre" (Orsini, Historia de la Santísima Virgen).

14. Conclusión de la junta. Tramitados todos los asuntos- incluso el asignar trabajo a cada socio y la inscripción de los nombres en el registro de asistencia -, termina la junta con las oraciones finales de la Legión y la bendición del sacerdote.
La junta no debe durar más de una hora y media a partir de la hora señalada par su comienzo.
Yo os aseguro que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos (Mt 18, 19-20).

 
-19 - LA JUNTA Y EL SOCIO

1. Respeto a la junta. En el orden natural la transmisión depende del acoplamiento de diversas fuerzas. Igual sucede en la Legión: en un solo punto donde faltare la conexión, la corriente de vida quedará cortada. Un socio podrá asistir a las juntas y no recibir participación alguna -o muy poca- de aquel entusiasmo, generosidad y arranque que constituyen -como ya hemos visto- la vida legionaria. ¿Cómo puede ser esto? Es que entre la junta y el miembro tiene que haber unión. No se trata de asistir pasivamente a las juntas: es necesario que haya un elemento que haga de la asistencia un verdadero enlace entre la junta y el socio; y este elemento es el respeto. Todo, en la Legión, depende de este respeto del socio a la junta; y este respeto se manifiesta por medio de la obediencia, la lealtad y la estima.
2.El praesidium ha de ser merecedor de este respeto. Una corporación que en sus ideales no se eleva más allá del término medio de sus miembros, carece de la primera cualidad esencial para hacer de guía, y no se hará respetar por largo tiempo.

3. El praesidium debe respetar el reglamento. La vida legionaria se transmite al legionario en la medida en que éste respeta al praesidium, y esa vida consiste esencialmente en un generoso esfuerzo por hacer las cosas con la mayor perfección posible; por eso, el praesidium debe esforzarse en merecer el respeto de sus socios, para poder ejercer sobre ellos la debida influencia. El praesidium que trate de exigir a sus miembros un respeto que él mismo no tiene con el reglamento que le gobierna, edifica sobre arena. Nadie se extrañará, pues, de que insistamos continuamente- en todo el curso de este Manual- sobre la necesidad de adherirse rigurosamente a las prescripciones relativas al orden de las juntas y a la manera de proceder de ellas.

4. El praesidium debe ser modelo de regularidad. La Legión pide que cuanto se diga o se haga en sus juntas sirva de ejemplo aun al miembro más entregado. La variedad de su vida le permite dar eficazmente ese ejemplo. Cada uno de los legionarios tendrá a veces dificultades para poder cumplir con sus deberes, por enfermedad, vacaciones u otras circunstancias inevitables; no así el praesidium, porque, constando éste de muchos- y no estarán ausentes todos a la vez- podrá elevase por encima de las limitaciones que coartan al individuo particular.
La junta semanal jamás debe omitirse, si no es por una total imposibilidad. Si fuera imposible celebrarla habitualmente el día señalado, habría que fijar otro. El que muchos de los miembros estén ausentes no es razón suficiente para no tener la junta: más vale celebrarla con pocos que no celebrarla. Poco hará quizá semejante reunión en cuanto a trámite de asuntos; pero el praesidium habrá cumplido el más importante de sus deberes, y todo trámite que se lleve a cabo en las juntas venideras saldrá ganando muchísimo, por el aumento de respeto que instintivamente le profesarán los miembros a su praesidium, al ver que sigue impertérrito a pesar de los que lo componen, fuerte en medio de las flaquezas, errores y diversos quehaceres de los socios, reflejando así -aunque muy pálidamente- la característica más sobresaliente de la misma Iglesia.

5. Calefacción y alumbrado. La sala de las juntas debe estar bien alumbrada, y a una temperatura agradable. Si no se pone cuidado en estas cosas, la junta, en vez de ser- como debería- un placer, se convertirá en penitencia, lo cual perjudicaría indudablemente el porvenir del praesidium.

6. Asientos. Hay que proveer a los socios de sillas o, siquiera bancos. Si se sientan de forma inadecuada -en pupitres o en otros asientos improvisados -, se creará un ambiente de desorden, en el que no prosperará el espíritu de la Legión, que es espíritu de orden.

7. Los praesidia deben tener sus juntas en horas adecuadas. El hecho de que la mayoría de las personas trabajen durante el día, obliga de ordinario a tener las juntas por la tarde, o los domingos. Pero hay muchos que trabajan por la tarde o durante la noche, y hay que prever para ellos la posibilidad de tener la junta en horas adecuadas.
También hay que contar con los que trabajen en turnos cuyo horario cambia periódicamente; para ello, tal vez sea necesario que colaboren dos praesidia que celebren sus juntas a horas muy distintas. Así los socios podrán alternar con los dos praesidia, según las horas que tengan libres. En este caso los dos praesidia mantendrán entre sí estrecha comunicación, a fin de asegurar la continuidad en la asistencia a las juntas y en los trabajos señalados.

8. Duración de la junta. La junta no durará más de hora y media, a contar desde la hora prefijada para su comienzo. Si, a pesar de la dirección eficiente de la junta, ven los socios que con frecuencia, al cerrar las juntas quedan temas sin tratar o tienen que tratarse precipitadamente es una señal de que el praesidium tiene demasiado quehacer, y debe pensarse en su división.

9. Duración insuficiente de las juntas. No se ha prescrito ningún mínimo para la duración de la junta; pero, si habitualmente no llegase a durar ni una hora- contando lo que se invierte en las oraciones, la lectura espiritual, las actas y la allocutio, que ocupan unos treinta minutos -, es señal de que la junta se resiente de algún defecto. Este defecto puede estar en el número de socios, en el escaso trabajo, o en la mala calidad de los informes; y es preciso subsanarlo. En una industria se mira como una falta de organización muy seria el no procurar que las máquinas produzcan al máximo rendimiento, habiendo demanda en el mercado. En la Legión no puede ser menos, pues nadie tendrá la osadía de afirmar que no hay demanda- y muy urgente- de valores espirituales de primera calidad.

10. Llegar tarde o salir antes. Los legionarios que lleguen después de las oraciones preliminares, a su llegada se pondrán de rodillas y recitarán privadamente las oraciones de la téssera que preceden al santo rosario, y las invocaciones que le siguen. Consideren como pérdida irreparable no rezar el rosario con el praesidium. Igualmente, aquellos socios que se vean obligados a salir antes del final de la junta, pedirán antes permiso al presidente; y, obtenido el permiso, se arrodillarán para recitar la oración. Bajo tu protección nos acogemos, etc., y las invocaciones que le siguen.
Llegar tarde o salirse temprano habitualmente, no esta permitido a ningún socio, por ningún pretexto. Es cierto que aun así, se puede hacer el trabajo y dar los informes según las normas; pero la indiferencia por la omisión de las oraciones preliminares o finales indica- y fundamentalmente- que se está forjando un espíritu ajeno, y aun hostil, al espíritu auténtico de a Legión: el de la piedad. Un socio con tal espíritu haría más daño que provecho.

11. El buen orden, raíz de la disciplina. Sin espíritu de disciplina, la junta es como una cabeza inteligente sobre un cuerpo paralizado, incapaz de dominar la indisciplina de los miembros, de estimularlos, ni de darles la menor formación. Para desarrollar en los socios este espíritu de disciplina, cuenta la Legión con los factores siguientes: a) la disciplina de la junta tal como está mandada en el reglamento; b) seguir punto por punto, en sucesión ordenada, los diversos números del programa de la junta, c)informar diligentemente sobre los trabajos, según está prescrito; d) un ambiente saturado de la presencia de María, como móvil de este espíritu de orden.
Sin disciplina, se dejarán llevar los miembros por la tendencia humana de obrar por cuenta propia- con ninguna o muy poca sujeción a la autoridad- y de entregarse a obras dictadas por un capricho momentáneo y de la manera que se le ocurra a cada cual. Y, ¿qué bien podrá salir de aquí?
Por otra parte, la disciplina que se asume voluntariamente para fines religiosos, crea una fuerza de las más poderosas del mundo; será una disciplina capaz de hacer frente a todo, pero a condición de que se mantenga siempre férrea, aunque sin ser pesada, y dispuesta en toda ocasión a obedecer cordialmente la voz de la autoridad eclesiástica.
La Legión posee en este espíritu de disciplina -que la caracteriza- un tesoro que puede compartir con los de fuera. Es un don de inestimable valor, porque el mundo oscila inútilmente entre esos dos polos opuestos: la tiranía y el libertinaje. Podrá suplirse la carencia de disciplina interior mediante la imposición de una férrea disciplina externa, la inercia de la tradición, o la fuerza; pero, donde los individuos o las comunidades dependan únicamente de esta disciplina exterior, ésta cesará en cuanto desaparezca el apoyo que la sustenta, en el primer momento de crisis. También es cierto que aunque la disciplina interior sea infinitamente más importante que cualquier sistema d disciplina externa, no hay que suponer que esta carezca de importancia. En realidad, las dos se necesitan mutuamente. Cuando se combinan las dos en la debida proporción, y se añade el atractivo móvil de la religión, entonces tenemos ese triple cordel que, según la Escritura no se rompe fácilmente (Ecl 4,12).

12. La puntualidad es de suma importancia. Sin puntualidad no se puede cumplir el precepto del Señor: Pon tu casa en buen orden (Is 38,1). Una organización que habitúa a sus miembros al desorden los está viciando desde la raíz. Por no cumplir lo que está mandado, está perdiendo el derecho a ese respeto que constituye la base de toda buena educación y disciplina; está haciendo caso omiso de una cosa vital, tan fácil de mantener; comete una locura parecida a la de aquel que "por un ochavo perdió un ducado".
A veces, con gran previsión, se coloca un reloj sobre la mesa de la junta, pero sin que regule lo más mínimo la macha de la misma. En todo caso marca su comienzo, medio y fin, pero no el tiempo concedido a los informes y otros asuntos, siendo así que la puntualidad y el orden deben aplicarse en todo momento, desde el inicio hasta el final.
Si en esto faltan los oficiales, los demás miembros deben protestar. Si no lo hacen, todos son cómplices en el desorden

13. Modo de rezar las oraciones. Hay personas impetuosas, que no se moderan ni siquiera cuando se trata de rezar; y, si aun los oficiales incurren en este defecto, todo el praesidium se irá deslizando poco a poco hasta rezar las oraciones de una manera rayana en lo irrespetuoso. Efectivamente; si hay un defecto demasiado frecuente, es que las oraciones se rezan con prisa, y eso parece indicar que los legionarios ya no ponen cuidado en observar la regla que les manda rezar como si estuviera presente entre ellos la santísima Virgen en persona, no solo en imagen.

14. Las oraciones son parte integral de la junta. Alguna vez se ha sugerido la conveniencia de que los miembros de la junta recen el rosario delante del Santísimo, yendo después a la sala. Eso no puede admitirse, por este principio general: la unidad de la junta es esencial a todo el sistema legionario. Con esa unidad de la junta, todo queda en ella impregnado del espíritu de piedad, tan fecundo en heroísmo y esfuerzo; pero el desarrollo de la junta carecería de ese espíritu si se dijeran fuera de ella la mayor parte de las oraciones prescritas. Semejante cambio alteraría por completo el aspecto de la junta, y, en consecuencia, el de Legión entera, cimentada como está sobre la junta. Ya no sería la Legión de María, por grandes que fueran los méritos de la nueva organización. Y aún estaría menos permitido omitir el rosario o cualquier otra de las oraciones de la téssera, no importa que circunstancias aconsejen lo contrario. El rezo del rosario es para la junta de la Legión lo que la respiración para el organismo humano.

15. El culto y la junta. Si, por alguna razón, un praesidium ha rezado antes de la junta las oraciones legionarias en una Iglesia o en cualquier otro lugar, tiene el deber de repetir en la junta todas las oraciones.
 
16. Oraciones especiales en la junta. A menudo se pregunta si está permitido ofrecer las oraciones de la junta por intenciones especiales. Dado el crecido número de peticiones, es preciso aclarar la cuestión:
a) se trata de ofrecer por alguna intención particular las oraciones ordinarias de la junta, es ir contra la regla que prescribe que se ofrezcan dichas oraciones por las intenciones de la santísima Virgen, Reina de la Legión y no por ninguna otra.
b) si es cuestión de añadir a las oraciones ordinarias otras por alguna intención particular, decimos que las prescritas ya son bastantes, y, por regla general, no hay que alargarlas más. Alguna que otra vez habrá intereses de excepcional importancia para la Legión, que reclamen súplicas extraordinarias; en este caso será lícito añadir alguna oración breve; pero insistimos en que sea raras veces;
c) Es evidente que se podrán recomendar intenciones especiales a la piedad particular de cada socio.

17.¿Perjudica el informe a la humildad?. Algunos socios han querido justificar la pobreza de sus informes diciendo que temían faltar a la humildad al hacer en ellos ostentación de sus buenas obras. Contestemos que también existe una especie de orgullo con apariencia de humildad: lo que los poetas han llamado "el pecado favorito del diablo". Los legionarios deben estar muy sobre aviso, para que tales sentimientos no vengan a abrigar, en vez de humildad, las maquinaciones de una refinada soberbia, la cual, entre otras cosa, llevaría consigo una tendencia disimulada de sustraer sus actividades a la estrecha vigilancia del praesidium. ¿Cómo es posible que una humildad de buena ley les impulse a trazar una regla de conducta que, si fuera adoptada por todos los demás, sería la ruina del praesidium? Al contrario, la sencillez cristiana pide que eviten toda singularidad, se sometan dócilmente a las reglas y prácticas de su organización, y, en fin, que cada cual cumpla con sus deberes personales; estos aunque individuales, no son parte menos esencial de la junta. Cada informe es -como hemos dicho ya- una piedra en el edificio de la misma.
 
18. La armonía, expresión de unidad. La armonía es la exteriorización del espíritu de amor en la junta, y tiene que ser la virtud soberana de la misma. La eficacia, tal como la entiende la Legión, nunca excluye la idea de armonía. El bien logrado a expensas de la armonía es una ganancia dudosa; mientras que las faltas que van directamente contra ella han de evitarse en la Legión como la peste. Estas faltas pueden ser: querer dominar a los demás, hallar que decir en todo, el mal humor, el espíritu mordaz y cínico, el darse tono... tales faltas, tan pronto como entren en la junta, pondrán en fuga la armonía.

19. El trabajo de cada uno, una preocupación de todos. La participación común de todos los miembros en las oraciones iniciales de la junta ha de caracterizar a todas las gestiones siguientes. Así, pues, fuera toda conversación o broma particular entre los socios; porque cada tema, aunque tratado solo por uno o dos, interesa a todos los presentes, y tanto, que puede afirmarse lo siguiente: al informar sobre las personas o lugares visitados, todos los socios hacen a dichas personas o lugares una visita espiritual. Aprendan los socios a mirar las cosas de esta manera, porque de lo contrario prestarán a los informes y comentarios del trabajo ajeno una atención meramente material; lo suyo es estar en todo momento, no solo atentos -como a una cosa que cautiva por lo bien que se narra- sino en contacto espiritual íntimo con las personas y cosas narradas, como si les afectara personalmente.

20. El secreto es de suma importancia. Las ordenanzas fijas, que suenan todos los meses en los oídos de los miembros, deberían convencerlos de la suma trascendencia de guardar fielmente el secreto legionario, dado el carácter del apostolado de la Legión.
La falta de valor se considera en un soldado una vergüenza, pero la traición es infinitamente peor. En la Legión sería traición repetir fuera de la junta del praesidium lo que se ha sabido en ella. Pero, al mismo tiempo, hay que guardar un justo medio. A veces, personas imbuidas de un celo mal entendido, con el pretexto de guardar las leyes de la caridad, exigen que no se mencionen nombres ni se den informes al praesidium, en casos de abandono en la práctica de la religión. Esta actitud, tan laudable en apariencia, oculta un error y una amenaza para la vida de Legión: si se llevara a la práctica, el praesidium quedaría en condiciones de no poder trabajar. En efecto:
a) adoptar este proceder sería contrario al modo de actuar de todas las demás asociaciones, las cuales tratan libremente todos los casos que les conciernen;
b) llevada hasta su última conclusión, dicha actitud exigiría que los mismos compañeros de visita guardasen el secreto aun mutuamente;
c) el centro de la acción, del informe y de la caridad legionarias no es ni el socio individual ni la pareja de visitantes, sino el praesidium, y al praesidium se deben referir en detalle todos los casos ordinarios; guardar los informes sin comunicarlos al praesidium es destruir ese núcleo y perjudicar los verdaderos intereses de la caridad, con pretexto de defenderlos;
d) no hay equivalencia alguna con el caso del sacerdote, cuyas sagradas funciones le colocan en un plano distinto al del legionario; este aprende en el curso de la visita más o menos lo que aprendería cualquier otra persona de confianza, y lo que muchas veces corre ya de boca en boca entre los mismos inquilinos de la casa o entre los vecinos del barrio;
e) eximir a los miembros de la obligación de dar íntegramente sus informes suprimiría la conciencia de estricta dependencia, factor tan importante en el sistema legionario. Así no se podría dar consejos prácticos, ni orientar, ni criticar; y la función principal del praesidium quedará anulada. Además, serían imposibles la formación y la vigilancia de los socios, que se basen sobre los informes. Suprímase esta secreta revisión semanal del trabajo de los miembros, y estará abierta la puerta de par en par a todo género de indiscreciones; cuando estas ocurran, no se eche la culpa injustamente a la Legión;
f) pero lo más sorprendente es que con este proceder se aflojan los vínculos del mismo secreto; porque la garantía del secreto legionario- también guardado hasta el presente- es la poderosa influencia del praesidium sobre el miembro: si esta influencia disminuye, disminuye también la seguridad del secreto.
En conclusión: el praesidium no es solo el centro de la caridad y de la discreción, sino que es también su sostén.
Los informes deben revestir el carácter de secretos de familia. Lo mismo que estos, deben discutirse de puertas adentro, pero con amplia libertad, a no ser que se sepa ciertamente que se ha infiltrado alguna persona extraña. Y, aún entonces, el remedio no estará en limitar los informes, sino en expulsar al traidor.
Pueden darse circunstancias excepcionales, que aconsejen en algún caso extremo un silencio absoluto. En ese caso es menester recurrir cuanto antes al director espiritual, o, en su ausencia, a algún socio dotado de cualidades de buen consejero, para que dé su opinión sobre el asunto.

21. Libertad para comentar. ¿Está permitido que se exprese el desacuerdo con los métodos de la junta? Los miembros pueden expresar su desacuerdo siempre que se atengan a la más rigurosa justicia, y sin olvidar los derechos de los demás: porque el ambiente de un praesidium tiene que ser familiar, no de cuartel. Y nunca deben hacer sus comentarios en un tono retador, ni falto de respeto para con los oficiales.

22. La junta es el sostén de los socios. Es muy propio del hombre apetecer con impaciencia resultados visibles, y, luego, no quedar satisfecho con lo que se ha conseguido. Y, sin embargo, los resultados tangibles no son indicio seguro del éxito feliz de una obra: un socio los obtendrá tal vez al primer impulso; otro, tras una perseverancia heroica, se encontrará con las manos vacías. La sensación de haber trabajado en vano engendra el desaliento, y éste lleva a desistir de la obra; y, así, cualquier empresa que se evalúe sólo por los resultados visibles viene a ser como arena movediza, incapaz de sostener por largo tiempo al socio activo de la Legión. Éste necesita apoyo y sostén. Y el legionario lo encontrará en todo cuanto contribuye a formar a junta semanal del praesidium: oración, rito externo, las peculiaridades del medio ambiente, los informes, la hermandad cristiana, el magnetismo de la disciplina, el vivo entusiasmo, y hasta el orden y la limpieza.
En la junta nada lleva a pensar en esfuerzos inútiles, ni que tienda a aflojar los vínculos legionarios; al revés, todo en ella ayuda a estrecharlos. Y conforme van sucediéndose las juntas regularmente, recibe uno la impresión de una maquinaria que marcha con suavidad, logrando el fin para el que fue hecha, y dando a los socios la seguridad de que trabajan con fruto y mérito; y en esta seguridad se apoya su perseverancia. Procuren los legionarios mirar aun más lejos, y ver en el mecanismo de esta máquina de María una prolongación del poder de su Hijo. Ellos forman parte activa de la misma, y tienen la misión de asegurar su perfecto funcionamiento; y María utiliza su lealtad para conseguir los resultados que Ella quiere. Estos resultados serán perfectos, porque "solamente María sabe perfectamente donde está la mayor gloria del Altísimo" (San Luis María de Montfort).
23. El praesidium es una "presencia" de María. Las reflexiones de este capítulo miran hacia la más perfecta unidad y solidaridad de los individuos dentro de un mismo cuerpo, con el fin de ser más útiles en el apostolado oficial- pastoral- de la Iglesia. La relación del apostolado asociado con el apostolado individual podría compararse con la relación entre la liturgia y la oración privada.
El apostolado está en relación íntima con María en su condición de Madre de Jesús: "Ella dio al mundo al que es la misma Vida, que lo renueva todo; y Dios la adornó de todos los dones dignos de un oficio tan grande" (LG 56). Y Ella continúa cumpliendo esa misión a través del ministerio y servicio de quienes quieren ayudarle. El praesidium coloca a su disposición un grupo de cristianos entregados, ávidos de cooperar con Ella en la realización de ese cometido. Y ciertamente: Ella aceptará su colaboración. Por eso, el praesidium puede ser concebido como una especial presencia de María en ese lugar; mediante esa presencia, Ella está dispuesta a prodigar generosamente sus dones, y a ejercer y evidenciar su maternidad. Por eso es de esperar que un praesidium, fiel a sus ideales, se interese en renovar su vida, en mejorar su salud, en crecer apostólicamente. Los lugares con problemas deberían solicitar este principio espiritual.

Con toda el alma acude a la sabiduría, con todas tus fuerzas sigue sus caminos; búscala y la alcanzarás; cuando la poseas, ya no la sueltes; al fin, alcanzarás su descanso y se te convertirá en placer; sus cadenas serán tu fortaleza; su yugo, corona de júbilo. (Eclo 6, 25-30).

 
- 20 - EL SISTEMA DE LA LEGION ES INVARIABLE

1. Lo dicho acerca de las oraciones hay que aplicarlo por igual a las demás prescripciones contenidas en estas páginas. La Legión hace saber a sus socios que ellos no tienen facultad para cambiar reglas y prácticas a su capricho.
El reglamento de la Legión es el aquí descrito, ningún otro. Toda variante, por ligera que sea, inevitablemente traerá en rápida sucesión otras en pos de sí; y no tardará en crearse un organismo que de Legión no tendrá más que el nombre, y que la Legión no vacilará en repudiar en cuanto lo descubra, por valioso que sea en sí el trabajo que se venga haciendo.
 
2. La experiencia ha demostrado que el nombre de un organismo vivo significa muy poco para ciertos individuos, que ven como una especie de tiranía el que no se les permita bautizar con el nombre oficial de una organización reconocida un engendro de su propia imaginación.
A veces, algunos "modernistas" se toman la libertad de cambiar todo lo de la Legión, reteniendo su nombre. ¿no ven que tal apropiación ilegal de lo ya establecido- y actuando como miembros de la misma- sería la peor clase de robo, porque se da en el orden espiritual?
 
3. Y cada localidad- lo mismo que las personas- tiene cierta propensión a creerse algo fuera de lo común y con derecho a una normativa particular; de aquí provienen de vez en cuando insistentes ruegos para que la Legión se doblegue y ajuste su reglamento a circunstancias tenidas como extraordinarias. La Legión ha demostrado su capacidad para adaptarse a toda circunstancia y lugar; pero si permitiera tales modificaciones, se producirían lamentables consecuencias, pues casi siempre obedecen, no a la necesidad, sino a la acción disolvente de un falso espíritu de independencia, que, lejos de traer las bendiciones especiales del Cielo, acaba por precipitar la desintegración. Sabemos bien que no es posible convencer a todos de esto; pero los que se empeñen en usar del derecho de interpretar privadamente las reglas de la Legión sepan que el honor les obliga siquiera a no amparar con el nombre de la misma lo que no es más que una invención suya.
 
4. Una tal falsificación bastaría para desterrar a la Legión de una población y hasta de todo un país, y en todo caso paralizaría su acción. Es posible que la nueva asociación esté más perfectamente organizada que la nuestra, pero es muy dudoso que de ella resulte tanto bien. Se pelearía en guerrillas allí donde María quiere la acción conjunta de un cuerpo de sus legionarios; en vez de unirse, las fuerzas estarían desparramadas.
Además, tan caprichosa manera de escoger esto y rechazar lo otro, en que se deleitan ciertas personas, nunca logra comunicar a la copia el encanto e inspiración que da valor al original; del proceso quirúrgico sale un cadáver, nada más; o, a lo sumo, un mecanismo bonito. Y, ¡qué grave será su responsabilidad, cuando se vean los desengaños y fracasos, que han de sobrevenir!
 
5. La razón principal por la que existen los diversos consejos de la Legión es precisamente ésta: preservar el reglamento de la misma. A toda costa deben ser fieles al encargo que se les ha encomendado.

"El sistema de la Legión de María es de todo punto excelente" (Papa Juan XXIII).
"O aceptarlo todo, o rechazarlo todo: reducir no hace más que debilitar, amputar es mutilar. Es una locura aceptar todo menos algo, cuando ese algo es una parte tan esencial como todo lo demás" (Cardenal Newman, Ensayo sobre el desarrollo).

Manual de la Legión de María

Página anterior - Página siguiente

Contenido-Entrada