EL RELOJ DE LA VIDA

INICIA SU ANDADURA

 

Por

Emma-Margarita R. A.-Valdés

 

 

 

     

La sabia sincronía de soles y planetas

desplegaba los límites nocturnos.

Atardecía en rojo

cuando el monte se alzaba hospitalario.

La luna llena, sobre los olivos,

plateaba las hojas de la paz

orlándolas con místicos fulgores;

el rostro del Mesías brillaba carmesí,

su sangre coagulada en la renuncia

era tangible huella

del soma liberado en alas inmortales;

sus ojos reflejaban

el perfil de los ámbitos sutiles

y el ingente holograma universal.

 

Retumba entre las sombras

el desfilar de fúnebres pisadas.

Un Judas inseguro va a su encuentro,

lleva avidez el rictus de sus labios traidores

y su boca el acíbar.

¡Salve, Rabbí!, saluda a Jesucristo,

le besa, es la señal,

beso inmundo que empaña la pureza

y naufraga en su acento.

Cristo interpela a Judas, ¿a qué vienes?,

y Judas no responde.

¿A quién buscáis?, pregunta a los soldados.

A Jesús nazareno, le contestan.

Él les dice, Yo soy,

si me buscáis a mí dejad marchar a éstos.

Se refiere a los suyos, que están sobrecogidos.

 

Pedro saca su espada, ataca a Malco

cortándole la oreja.

Jesús le ordena, envaina ya tu espada

pues quien a espada hiere a espada morirá.

Con sus dedos virtuosos cicatriza la herida.

Ha llegado su hora,

está en las Escrituras, ha de beber el cáliz.

 

Se acercan los sicarios con garrotes y espadas

y amarran la paloma mensajera,

anidada en sus manos milagrosas,

con la cuerda trenzada en el orgullo.

Cesa la tempestad

rota en su acantilado acogedor.

Delimitan su mar con diques de tinieblas.

Los ciegos vespertinos huyen hacia la noche.

Cubre la soledad, como el relente,

la túnica sagrada

y empapa de abandono su entramado.

El reloj de la Vida inicia su andadura

girando a contraluz de los olivos.

Conducen a Jesús al tribunal

formado por corruptos arrogantes

que se jactan de lujo, de opulencia,

de poder transitorio,

dignos representantes del maligno.

Cae la noche cerrada sobre Getsemaní.

Un vendaval de pájaros deserta del ramaje.

El horizonte rojo presagia otro diluvio.  

 

Emma-Margarita R. A.-Valdés

 

Esta poesía, en mp3, recitada por la autora

 

Del libro "Antes que la luz de la alborada, tú, María"

Libros de Emma-Margarita R. A.-Valdés

   

     

 

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